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Comentarios partos mas naturales
Los padres presentes en las cesáreas Ya desde hace años, tenemos asumido los ginecólogos y el personal obstétrico la presencia de la pareja en el parto. Sin embargo, cuando se trata de una cesárea la respuesta a la petición del padre suele ser “no”. Debemos comenzar a incluir la presencia de los padres que así lo deseen en un parto por cesárea, la aparatosidad de la intervención siempre puede ser atenuada y los tópicos esgrimidos hasta ahora deberán ser desechados. “es una intervención quirúrgica” decimos unas veces, “las normas del quirófano del hospital”, decimos otras. La verdad es que la cesárea es un parto y como tal no debe suponer, además del trauma quirúrgico un trauma psicológico de separación de padre y madre en el momento de la venida de su hijo al mundo. Probablemente esta medida tardará en implantarse ya que se opondrán los sectores más conservadores y reaccionarios de nuestro entorno. Lo conseguiremos poco a poco, aunando esfuerzos para que este hecho, común en otros países, sea una posibilidad en el nuestro. Doctor: José Javier Salvá Garau
La utilización del calor para la prevención de desgarros graves perineales en el periodo expulsivo del parto. En vista a evitar desgarros graves en el momento de la expulsión de la cabeza fetal, y para evitar episiotomías innecesarias hay que contemplar dos actuaciones importantes con el objetivo de aumentar o reestablecer la flexibilidad y elasticidad de las estructuras pélvicas blandas, es decir: músculos perineales, fascias , aponeurosis, tejidos subcutáneos y piel. La fase anteparto, de preparación del periné abarca todas aquellas actuaciones que conlleven a ello: ya sean, masajes perineales (automasajes o asistidos) relajación muscular, en resumen trabajar cuerpo y mente hacia este objetivo. Durante el parto, podemos tomar una serie de actitudes para que el desprendimiento de la cabeza fetal sea progresivo, no violento, acorde con el tiempo preciso para la dilatación del periné y de este modo evitar lesiones perineales en forma de desgarros. La primera actitud es la ausencia de prisas: el tiempo del parto, en ausencia de riesgo fetal o materno lo marca el propio parto. El profesional que asiste al parto ha de olvidarse de su reloj personal y ceñirse al reloj biológico. Ha de asistirse al parto, no al contrario. Para evitar desgarros hay que tener la convicción de que no va a efectuarse episiotomía. Por esto es fundamental la relación previa al parto del obstetra y la gestante; el conocimiento de cómo va a desarrollarse, y cómo desea la paciente tener a su hijo. De todos es conocido el hecho de que el calor dilata los cuerpos, es por ello que la aplicación de compresas o gasas empapadas en suero templado va a ayudar a una mujer a la dilatación de su periné, ya sea en un parto sin o con anestesia epidural, en posición dorsal o de lado, sentada o arrodillada. Si aplicamos calor en el periné protegiéndolo adecuadamente obtenemos unos resultados espectaculares en cuanto a elasticidad de los tejidos y unos resultados posteriores de ausencia de molestias, dolores en las relaciones sexuales,etc, acordes a la ausencia de suturas de episiotomías. Pero atención: radicalizar esta postura nos puede llevar a olvidar el objetivo principal de la asistencia obstétrica que es la obtención de un recién nacido vivo y sano y una madre viva y sana: física y psicológicamente, a la vez que la pareja que debe acompañarla no debe sufrir impacto emocional. Por tanto los recursos técnicos y quirúrgicos están ahí: para ser utilizados cuando hay una indicación en provecho del parto y de la salud de madre e hijo y nunca para comodidad ni conveniencia de nada que no sea eso. En espera de la cuantificación de los datos he podido observar ya una satisfacción de la madre y de la pareja desde que aplico esta modalidad de actuación Doctor José Javier Salvá Garau. Obstetricia y ginecología
Navegando por internet Navegando por internet, encuentro el anuncio de un dispositivo para las mujeres embarazadas, basado en un arnés que se sujeta al abdomen, dotado de unos altavoces que hacen llegar los sonidos procedentes de un reproductor de música a la piel abdominal y teóricamente al feto. La idea es apasionante: poder inculcar al bebé intraútero la grandeza de las sinfonías de Brahms, Beethoven, la pasión de Sibelius o la suavidad de Mozart. Así como el ritmo del reegee e incluso el romántico Julio Iglesias. Por no mencionar la música Tecno. La estimulación prenatal, algo que muchos compartimos y promocionamos, está inmersa en la vanguardia de la moderna atención al embarazo, junto con la adecuación y transformación de todos los métodos clásicos de control obstétrico y desmedicalización o humanización del parto. Intimidad, autonomía y posibilidad de elección forman parte de unos derechos que tiene la pareja a la hora de gestar a su hijo y parir; del mismo modo que tienen el derecho a la información de una manera inteligible y sin sesgos. En la lucha diaria que muchos mantenemos para lograr avances en esta dura guerra contra las tradición paternalista de la medicina, contra el uso inadecuado de métodos que la evidencia demuestra que sólo son eficaces cuando las utilizamos prudentemente y la indicación está perfectamente establecida; Cuando no nos regimos por la hora de nuestro reloj, sino por la hora de la biología natural del parto; en suma: cuando tratamos de simplificar nuestras actuaciones y dar prioridad a la verdadera protagonista del embarazo y parto: la vida, personalizada en el acto de parir en la madre, cada logro que conseguimos es un estímulo para continuar las mejoras. Algunos trabajamos desde dentro del sistema, otros lo hacen desde fuera, pero el objetivo es el mismo; seamos matronas, médicos, doulas, psicólogos o ingenieros: dar al proceso de dar vida el sentido que en los últimos años ha ido perdiendo. Por ello me aterroriza que en nuestro empeño de un logro de dimensiones tan grandes como lo que pretendemos, aparezca la tan temida Ley del péndulo, como ya ocurrió hace cuarenta años y caímos en el error de sobreactuar tratando a la gestación y parto como una enfermedad a la que había que someter a tratamientos a toda costa. Me aterroriza, insisto en pasear por la calle viendo a embarazadas “tuneadas” con altavoces en sus vientres, proyectores de luces, estimuladores vibroacústicos y cuantos dispositivos puedan aparecer en este sentido. Me aterroriza el que puedan aparecer secciones comerciales en las grandes superficies con el epígrafe “Estimulación Prenatal”; Me horroriza más aún el que se pueda leer debajo “Estimuladores prenatales: Tres por el precio de dos, Rebajas”. La estimulación prenatal debe ser cuidadosamente controlada, marcando tiempos de aplicación e intensidad de los estímulos, aplicada con prudencia y sujeta a revisión y crítica. Mi convicción acerca de sus excelentes resultados me exige una llamada para evitar abusos y utilizaciones incorrectas que pueden incluso ser perjudiciales. Y me llamo a mí mismo la atención: Aprende de la historia o estarás condenado a repetirla. José Javier Salvá Garau. Ginecólogo. Colegiado 070701995
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