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Embarazo, Sol y cuidados.
Embarazo, Sol y Cuidados.
En muchas ocasiones los ginecólogos aconsejamos la toma de baños de sol para la conversión de la pro-vitamina D en vitamina D y así prevenir la osteoporosis. Durante el embarazo y en especial en las primeras doce semanas el embrión y su entorno se desarrollan en unas condiciones físico-bioquímicas muy delicadas, muchas proteínas que se precisan como estructurales o como enzimas catalizadoras de reacciones bioquímicas muy delicadas necesitan un entorno térmico muy ajustado, es decir: como la clara del huevo; si se calientan pierden su estabilidad y se desnaturalizan, en el caso de la clara del huevo vemos que pierde sus propiedades y se convierte en un sólido gelatinoso blanco. La temperatura de la futura madre, en el primer trimestre del embarazo se mantiene alrededor de 37,5 grados centígrados ya que esa es la temperatura óptima de funcionamiento de los procesos biológicos que se producen en el interior del útero, la formación de las estructuras que conforman al nuevo ser y a la placenta, órgano muy importante y único en la economía humana. Es el órgano más complejo y de vida más corta (sólo nueve meses) y es una complicada máquina llena de reactores bioquímicos que alimenta al feto en formación, se nutre a sí misma y se autogestiona en el corto intervalo de tiempo que dura. La placenta por sí misma es un órgano muy lábil, cualquier variación de las condiciones ambientales puede influir en su funcionamiento y en su estructura, lo que conlleva trastornos en la alimentación y aporte de productos básicos al feto. Algunas de las proteínas placentarias son de vida más corta aún que la propia placenta y quizás más frágiles, no soportan variaciones de temperatura de más de dos grados; a los 39,5º se desnaturalizan y detienen la función que están realizando; de ahí la importancia de la termorregulación materna. El sol, al incidir en nuestros cuerpos produce varios efectos: en primer lugar se produce el calentamiento directo de la piel por irradiación, de lo que resulta la estimulación de células productoras de melanina, los melanocitos, que son las células que nos dan el bronceado veraniego y en segundo lugar, la luz infrarroja ha llegado a las pequeñas venas y arterias de debajo de la piel calentando la sangre que circula por ellas y elevando la temperatura sanguínea en varios grados. Este aumento de temperatura es corregido por nuestro cuerpo mediante mecanismos termorreguladores, los más importantes y conocidos son la sudoración y la vasodilatación, que a su vez provoca una disminución de la presión sanguínea. La vasodilatación crea paradójicamente un efecto contrario, ya que al exponer mayor cantidad de sangre a la luz cuando intenta refrigerar el cuerpo, absorbe más radiación lo cual puede conllevar una mayor elevación de la temperatura. Este círculo vicioso se interrumpe cuando la persona nota la piel caliente en demasía y bochornoso calor; en esta situación la persona tiende a refrescarse mediante una ducha o un baño, factores que ayudan a regular la temperatura corporal. No obstante en situaciones que los que vivimos en lugares turísticos de playa vemos con aburrida frecuencia, mujeres embarazadas procedentes sobre todo de países nórdicos, aunque también nacionales, que han sobreexpuesto sus cuerpos al sol; y quiero decir que no sólo es significativa la exposición del vientre al sol; ya hemos visto que la sangre eleva su temperatura; es decir: las piernas sobreexpuestas elevan la temperatura sanguínea y se transporta por el torrente circulatorio a todo el cuerpo, lo que produce el fenómeno de la desnaturalización de ciertas proteínas placentarias que inducen una malfunción bioquímica y llagan a causar la pérdida del embarazo: un aborto. El efecto directo de la radiación en la sensible piel de la embarazada produce además un conocido fenómeno llamado cloasma del embarazo; esto es: la aparición de manchas en la cara en forma de alas de mariposa y manchas dérmicas. No olvidemos además que el efecto de la luz ultravioleta en la piel es acumulativo, por lo que añadimos el riesgo de cáncer de piel en el futuro. En la playa, el efecto de la luz solar se multiplica, ya que al reflejarse en la arena “rebota” y calienta e incide en el cuerpo por arriba y por abajo. Por lo tanto, hay que extremar las precauciones en la embarazada, tanto en lo que se refiere a las cremas de protección solas (deberán utilizarse cremas de alto índice de protección: 30 ó más) y hay que reducir el tiempo de exposición, evitando las horas de mayor irradiación, las horas centrales del día. En los meses de mayo y junio, así como en septiembre, la sensación que produce la brisa fresca, es un engaño para los mecanismos de termorregulación puesto que al sentirnos frescos no tenemos el reflejo de huída del sol que se produce en los meses de verano. Atención, pues al sol: es bueno en dosis moderadas, pero extremadamente peligroso para aquellas mujeres embarazadas que por factores de piel blanca y desconocimiento, se exponen largo tiempo al sol. Doctor: José Javier Salvá Garau Ginecologo “Comparte tu hijo antes de nacer” |
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