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Sistema nervioso del bebé
Sistema nervioso del bebé
En los niños pequeños el cerebro es sumamente adaptable y flexible; de hecho, cuando una parte del cerebro de un niño se lesiona, a menudo otra parte pasa a desempeñar, por mecanismos compensatorios, parte de las funciones perdidas. Por eso muchos científicos consideran que es importante seguir planteándole retos a nuestro cerebro, proponiéndonos nuevos aprendizajes y estableciendo nuevas conexiones, pues es la mejor forma de mantener activo al cerebro durante todo el ciclo vital. La memoria es otra función compleja del cerebro. Las cosas que hemos hecho, aprendido y visto se procesan primero en la corteza y luego, si esa información es lo suficientemente importante para recordarla permanentemente, se envía a otras partes del cerebro (como el hipocampo y la amígdala) para retenerla en la memoria a largo plazo. Conforme estos mensajes viajan por el cerebro, también crean conexiones y redes neuronales que actúan como base de la memoria. ¿Cómo funciona el sistema nervioso? El funcionamiento básico del sistema nervioso depende en gran medida de multitud de células diminutas denominadas neuronas. El cerebro tiene millones de esas células, que están especializadas en muchos tipos distintos de funciones. Por ejemplo, las neuronas sensoriales captan información de los ojos, los oídos, la nariz, la lengua y la piel y la envían al cerebro. Las neuronas motoras reciben información procedente del cerebro e indican a las distintas partes del cuerpo cuándo deben moverse. Todas las neuronas del cuerpo trasmiten información entre sí a través de complejos procesos electroquímicos, estableciendo conexiones entre sí que afectan a la forma en que pensamos, aprendemos, nos movemos y nos comportamos. Inteligencia, aprendizaje y memoria. En el momento del nacimiento, nuestro sistema nervioso contiene la máxima cantidad de neuronas que tendremos en nuestra vida, pero muchas de ellas no están conectadas entre sí. A medida que crecemos y aprendemos cosas, la información se trasmite de una neurona a otra una y otra vez, creando conexiones o vías nerviosas en el cerebro. Por eso el hecho de conducir requería toda su concentración cuando se sacó el carné de conducir, pero ahora lo tiene automatizado: la conexión ya está establecida. En los niños pequeños el cerebro es sumamente adaptable y flexible; de hecho, cuando una parte del cerebro de un niño se lesiona, a menudo otra parte pasa a desempeñar, por mecanismos compensatorios, parte de las funciones perdidas. Pero, a medida que nos hacemos mayores, al cerebro cada vez le cuesta más establecer nuevas conexiones o redes neuronales, lo que determina que nos resulte más difícil aprender tareas nuevas o cambiar pautas de conducta establecidas. Por eso muchos científicos consideran que es importante seguir planteándole retos a nuestro cerebro, proponiéndonos nuevos aprendizajes y estableciendo nuevas conexiones, pues es la mejor forma de mantener activo al cerebro durante todo el ciclo vital. La memoria es otra función compleja del cerebro. Las cosas que hemos hecho, aprendido y visto se procesan primero en la corteza y luego, si esa información es lo suficientemente importante para recordarla permanentemente, se envía a otras partes del cerebro (como el hipocampo y la amígdala) para retenerla en la memoria a largo plazo. Conforme estos mensajes viajan por el cerebro, también crean conexiones y redes neuronales que actúan como base de la memoria. Movimiento. Distintas partes del telencéfalo se encargan de mover distintas partes de cuerpo. El hemisferio cerebral izquierdo controla los movimientos del lado derecho del cuerpo, y viceversa. Cuando usted aprieta el acelerador de su coche con el pie derecho, por ejemplo, es el hemisferio cerebral izquierdo el que está enviando el mensaje que le permite hacerlo. Funciones corporales básicas Una parte del sistema nervioso periférico, denominada sistema nervioso autónomo, es la que se encarga de controlar muchos de los procesos corporales en los que casi nunca necesitamos pensar, como la respiración, la digestión, la transpiración y el escalofrio. El sistema nervioso autónomo está compuesto por dos subsistemas: el sistema nervioso simpático y el parasimpático. El sistema nervioso simpático prepara al organismo para las respuestas rápidas en situaciones de estrés, como cuando una persona presencia un atraco a mano armada. Cuando ocurre algo que entraña un peligro, el sistema nervioso simpático hace que el corazón bombee más deprisa para que envíe más sangre a las distintas partes del cuerpo que podrían necesitarla. También provoca que las glándulas suprarrenales, que deben su nombre a que están encima de los riñones, liberen adrenalina, una hormona que ayuda a proporcionar una fuerza adicional a los músculos para una huída rápida. Este proceso se denomina respuesta de "lucha o huída". El sistema nervioso parasimpático hace justamente lo contrario: prepara al cuerpo para el descanso. También desencadena en el sistema digestivo los movimientos necesarios para digerir la comida a fin de que nuestro organismo pueda asimilar eficazmente los nutrientes que contienen los alimentos que ingerimos. Los sentidos del bebé Los Sentidos. Ver el rostro de su pareja al final de un día ajetreado puede ser un gran alivio para sus cansados ojos pero, si no tuviera cerebro, usted ni siquiera reconocería ese rostro. La papilla que se comerá a la hora de la cena, seguro que estará deliciosa pero, sin no tuviera cerebro, sus papilas gustativa no le podrían indicar si se está comiendo una papilla de dos sabores. Ningún órgano sensorial tendría utilidad sin el procesamiento de la información sensorial que tiene lugar en el cerebro. Vista. Probablemente la vista nos dice muchas más cosas sobre el mundo que cualquier otro sentido. La luz que entra en el ojo proyecta una imagen invertida en la retina. La retina transforma la luz en señales nerviosas y las envía al cerebro, el cual invierte la imagen para que la veamos del derecho y nos dice qué es lo que estamos viendo. Oído. Todos los sonidos que oímos son el resultado de ondas sonoras que nos entran por los oídos y nos provocan vibraciones en el tímpano. Esas vibraciones son transferidas a lo largo de la cadena de huesecillos del oído medio y transformadas en señales nerviosas. Seguidamente la corteza cerebral procesa esas señales y nos dice qué estamos oyendo. Gusto. La lengua contiene grupitos de células sensoriales denominadas papilas gustativas que reaccionan a las sustancias químicas que hay en los alimentos. Las papilas gustativas reaccionan a los sabores dulce, ácido, salado y amargo. Las papilas gustativas envían mensajes a las áreas de la corteza cerebral encargadas de procesar el sabor. Olfato. Las células olfativas de las mucosas que recubren el interior de las ventanas nasales reaccionan a las sustancias químicas que inhalamos y envían mensajes al cerebro a través de nervios específicos. Según los expertos, el cerebro es capaz de distinguir entre más de 10.000 olores diferentes. Con una sensibilidad tan desarrollada, no es de extrañar que los investigadores sugieran que los olores están íntimamente ligados a los recuerdos. Tacto. La piel contiene más de 4 millones de receptores sensoriales mayoritariamente concentrados en los dedos, la lengua y los labios que recogen información relacionada con el tacto, la presión, la temperatura y el dolor, y la envían al cerebro para que la procese y reaccione en consonancia. “Comparte tu hijo antes de nacer” |
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